La construcción se reactiva en España con un crecimiento esperado del 3% en 2015
España ha sacado pecho durante años en lo que a construir se refiere: monumentales obras y ejemplos de la arquitectura mundial se han levantado de forma impecable por todo el territorio… hasta que llegó la recesión.
La maldita crisis paró la actividad en seco de uno de los mayores motores económicos del país, asumiendo las culpas injustamente de una caída de la economía que no le correspondían. Pero lejos de dejarse amedrentar por la situación, el sector entero optó por la reconversión y buscar otras fórmulas que permitieran mantener la estructura hasta nuevos tiempos más boyantes.
La inversión en el extranjero como primer paso
“Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”. Esto mismo se debió plantear en los despachos de las grandes constructoras después de ese nefasto 2008 ya en el olvido, a la hora de plantear nuevas vías de actuación.
De esta forma, a veces tirando de agenda y otras tantas gracias a la enorme reputación cosechada por el buen hacer de nuestras empresas de la construcción, se consiguieron licencias de edificación más allá de nuestras fronteras. Licitaciones que en más de una ocasión abarcaron la primera plana de los periódicos y noticieros internacionales, como fue el caso de la ampliación del Canal de Panamá o el tren de alta velocidad en Arabia.
Pero no sólo de grandes obras se ha mantenido la estructura de este apartado del sector terciario: licitaciones como las de los proyectos en la costa marroquí o participaciones en la urbanización de la vecina Portugal han permitido que la caída no fuera superior a la esperada y que la recuperación se acelerara.
Mantenimiento y ampliación
Otro de los focos de acción para que no se fuera a pique el buque insignia de la economía española fue el mantenimiento de las construcciones ya hechas. La macroeconomía funciona en más de una ocasión con principios basados en la economía doméstica o local, y por todos es sabido que en épocas de “vacas flacas” mejor remendar que comprar.
Pero no se trata de apaños o aplicar parches: se trata de lavar la cara, realzar y que todo lo hasta ahora alzado permanezca lustroso. De esta forma no sólo se mantiene el sector con trabajos de ocupación plena los 365 días del año (no siempre se construye una nueva urbanización pero sí que siempre se reforma), sino que se reforzaban otras prácticas como alquilar maquinaria de construcción en vez del despliegue de compra para nueva obra que necesita de muchas participaciones y licencias para llegarse a amortizar.
Nuevamente microeconomía aplicada a lo macro: si la tendencia en el consumidor ha sido el alquiler ante la compra dando buenos resultados, en el sector no tenía que ser diferente, demostrándose que esta fórmula de “empezar la casa por los cimientos y no por el tejado” es más que válido: no voy a comprar si nadie me asegura que pueda recuperar lo invertido, por ello involucro a otras empresas, en este caso las de alquiler de maquinaria, que me ofrecen el servicio de calidad que necesito y a un precio que puedo asumir.
Con este principio no sólo no arriesgo un capital, sino que hago partícipe de las ganancias seguras a otras empresas del sector reactivando la economía: una fórmula en la que todos ganan.
Los números de la recuperación
Hemos visto qué ha sucedido de 2008, momento en el que estalló la burbuja inmobiliaria, a este 2015, el año de la definitiva recuperación. ¿Por qué definitiva? Porque para que algo sea firme se debe sustentar y demostrar con datos que lo validen, y eso es lo que ha ocurrido en esta mitad de década.
“El 3% de crecimiento que se prevé que alcance la construcción en este 2015 confirma el buen estado de salud de este sector”
Seis han sido los años en el que la caída (o más bien desaceleración tal como marcan los términos económicos) ha sido constante, dando como resultado porcentajes negativos en cuanto al crecimiento del sector.
Es por ello por lo que este año, cuyas predicciones han otorgado un 3% de saldo positivo en cuanto a la proyección del sector construcción, supone no sólo la confirmación de que el cemento y el hormigón siguen siendo un pilar de nuestra economía, sino que el repetido discurso de la recuperación económica por fin va siendo cierto, y que viene de la mano de viejas fórmulas que resultan infalibles y no nocivas, como se pretendía demostrar.




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