La vida actual es muy movida, todo sucede con gran aceleración, a veces nos parece que todo es tan rápido y sin darnos cuenta pasan minutos, horas y días. De repente nos encontramos pensando que, si fuera posible, sería mejor que los días tuvieran más horas para poder realizar todas nuestras actividades.

Esta sensación de aceleración se debe también a que, de muchas formas, nuestra vida está simplificada y más conectada: casi todo está a un clic de distancia, enviar un correo electrónico, atender una llamada, la mensajería instantánea que ofrecen diferentes plataformas, las videollamadas que nos reúnen con personas a la distancia. Más allá de herramientas de comunicación, también podemos ordenar nuestra comida, pedir las compras del supermercado o solicitar cualquier producto que, aunque esté disponible del otro lado del mundo, llega en unos cuantos días hasta la puerta de nuestra casa.

Realizar estos pedidos es sumamente sencillo porque contamos con nuestras tarjetas bancarias, ya sean de crédito o de débito. Hace unas cuantas décadas esto era imposible, uno tenía el dinero que pudiera guardar en casa (la chistosa fórmula de esconder el dinero bajo el colchón era muy cierta) o a lo mucho el que guardara en el banco, aunque en este caso la acción era literal: llevabas tus monedas y billetes y éstos se guardaban en enormes bóvedas. Existía un papel que durante muchos años fue muy utilizado y, aunque ha perdurado hasta ahora, cada vez es menos frecuente: los cheques. Muchos empleados recibían sus cheques de parte de sus jefes y tenían que ir a un banco a cobrarlo o a depositarlo en su propia cuenta.

Por supuesto, los bancos también han ido modernizándose poco a poco: el dinero ya no se guarda tras grandes puertas de metal, el efectivo es cada vez menos utilizado y todo se mantiene en registros digitales. Ya son muy raros los casos donde algún pago se realiza mediante cheques, sobre todo cuando hacerlo vía transferencia bancaria es sumamente sencillo. Para aquellos empleados que se encuentran registrados bajo un esquema de nómina, los patrones programan los depósitos bancarios de sus trabajadores para que se realicen en las fechas acordadas para los pagos.

Como trabajador, tú puedes elegir el banco en el cual recibes tu nómina, es decir, realizar tu portabilidad de nómina,  y para ello es fundamental que revises las alternativas que te ofrecen los bancos. ¿Qué debes tomar en cuenta a la hora de elegir dónde recibir tu nómina? Lo más importante es que se trate de un banco sólido, con experiencia, que te respalde en todo momento. Por supuesto, lo que la mayoría de las personas buscamos al elegir el banco donde se encuentre nuestro dinero es contar con disponibilidad, esto es, tener cerca cajeros automáticos para retirar el efectivo o estar seguros que la tarjeta será aceptada en todos los comercios a nivel nacional e internacional. Tener tu nómina en el banco de tu preferencia te puede dar acceso a una larga lista de beneficios, por ejemplo, tener cerca diferentes opciones de crédito hechas a tu medida o también contar con toda tu banca en tu celular, ya que con la app móvil te facilitará todos los trámites y servicios que requieras. La portabilidad de nómina puede ser muy fácil, solo es cuestión de elegir el banco que más te convenza.